A veces, la decisión más importante es atreverse a dar el paso.
Dicen que no hay que empezar la casa por el tejado. Pero este blog va a empezar precisamente así: por el final. Por el final de mi primer curso dando clases de costura.
Hace unos meses, esta foto habría sido difícil de imaginar. Y, sin embargo, ahí estábamos: alrededor de una mesa, compartiendo una merienda, hablando de telas, proyectos, ideas y de todo lo que había ocurrido durante el curso. Una merienda para cerrar meses de costuras, proyectos, conversaciones y muchas horas compartidas alrededor de una mesa y máquinas de coser.
Quería que aquel último día fuera especial. No solo reunirnos y celebrar todo lo compartido durante el curso, sino también tener un pequeño gesto con cada una de ellas. Por eso preparé un detalle personalizado para cada una de mis alumnas, una pequeña forma de agradecerles que hubieran formado parte de este primer curso.
Porque este ha sido el año en el que decidí cambiar muchas cosas. El año en el que volví a estudiar. El año en el que me atreví a convertir algo que siempre había formado parte de mi vida en algo más. Y, sobre todo, el año en el que volví a enseñar, pero esta vez algo que hasta entonces había sido simplemente mi pasión: la costura.
Y quizá por eso quiero que este blog empiece aquí.
Ya habrá tiempo de contar cómo comenzó todo, de hablar de proyectos, telas, técnicas, errores, aprendizajes y de todas esas cosas que ocurren alrededor de una máquina de coser.
Pero hoy quería empezar por el final.
Por esa mesa llena, por cada uno de esos nombres y por todas las horas de costura que hubo antes de llegar hasta aquí. Porque aquel día pusimos punto final a mi primer curso como profesora de costura.
Y, visto ahora, creo que en realidad solo estábamos poniendo el primer punto de todo lo que viene después.
¡A por el nuevo curso!